Archive for dezembro \22\UTC 2015

“Distrito federal” resenhado por Tadeu Sarmento

22/12/2015

Distrito federal resenha

De toda a mitologia judaico-cristã, o personagem que mais me interessa é Lúcifer. Mas, atenção: “Lúcifer não é satã (o gênio do mal, segundo a tradição popular). Lúcifer é um eloim igual aos outros e seu próprio nome, Portador da Luz, garantiu-lhe sua indestrutível dignidade de arcanjo” (Édouard Schuré). Pois bem, estava eu admirando as magníficas gravuras de Gustave Doré para o Paraíso perdido, quando o satânico senhor Zuckerberg me avisou que o luciferino escritor Tadeu Sarmento havia publicado na revista Mallarmargens uma incendiária resenha do Distrito federal. Fui conferir e fiquei perplexo. Tadeu tacou fogo em Roma, vomitou lava em Pompeia, devorou os príncipes de Maquiavel, libertou Prometeu do monte Cáucaso, resgatou do inferno os alquimistas. Que mais posso dizer? A devastação foi total. Do mefistofélico palácio do silêncio não ficou pedra sobre pedra.

Para ler, basta clicar aqui.

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Nelson de Oliveira no jornal La Capital

10/12/2015

Jornal La Capital

Así es, los libros se retoban. Si tuviera que resumir jocosamente la novela de Nelson de Oliveira usaría esa frase con el objetivo de despertar la curiosidad de mi/s interlocutor/es de turno. Y continuaría.

Los libros fueron inventados para ser leídos, admirados, cuidados, mimados. En eso no se diferencian de otros objetos. Si eso no pasa, ellos buscan la forma de llamar la atención, ¿no te parece?

Pero por suerte en el mundo propuesto por Nelson las cosas no son tan fáciles. Está repleto de historias paralelas que en el momento menos esperado se conectan para dar sentido al plan “maléfico” que un regimiento de criaturas (para mí son igualitas a los gremlins, pero con mucha más onda) quiere llevar a cabo.

Un interrogante entre premonitório y apocalíptico me asalta: ¿llegará el día en el que el ser humano no podrá más dar pie con bola?

En algún punto, sentí que Nelson nos quiere decir eso de una forma delicada, casi subrepticiamente. Tal vez, él lo sepa pero por temor a desatar alguna catástrofe planetaria (superando así a Orson Welles cuando teatralizó en la radio “La guerra de los mundos”) lo ficcionaliza con astucia y cumple su misión cósmica de pasarnos el mensaje.

La verdad no sé. Lo que sé es que la novela es sublime tanto por lo que cuenta como por cómo lo cuenta.

Agustín Arosteguy
Caderno de Cultura
Jornal La Capital, de Mar del Plata